Paseando por
Benasque, Anciles y Cerler
Durante la segunda mitad del siglo XVI, Benasque logró una cierta bonanza económica, pero al mismo tiempo sufrió los efectos del bandolerismo y de una auténtica guerra civil en el Condado de la Ribagorza. De todo ello surgió un tipo muy particular de vivienda noble denominada “casa torreada”, que tomó como modelo las torres-castillo medievales. Tiempo después, cuando ya no hubo necesidad real de protección, este tipo de torre sirvió asimismo para dar una impresión de poder y prestigio.
Un buen ejemplo lo encontramos en la Casa Juste, construida en 1567. Responde al modelo de casa torreada propio del siglo XVI en el Pirineo Aragonés, siendo posiblemente su ejemplo más notable. Además de su torre y su portada, ambos de gran belleza, resulta muy original su combinación de elementos ornamentales y defensivos. Otra de las construcciones que se puede admirar es la Casa Faure, anterior al XVIII, aunque en el año 1723 experimentó una importante reforma. Su elemento más singular es la torre de planta cuadrada, situada en la esquina y con un curioso tejado a cuatro aguas y vertiente de doble inclinación.
Aunque sin duda la más famosa es la Casa Regatillo, conocido en la actualidad como el Palacio de los Condes de Ribagorza. Erigida hacia el año 1560, constituye un verdadero palacio con fachada decorada al estilo renacentista de origen italiano y situado en plena calle Mayor. A partir del año 2005 este histórico edificio pasó a ser propiedad pública municipal convirtiéndose en el Centro Cultural “Palacio de los Condes de Ribagorza”.
No solo en Benasque encontrarán refugio estético los amantes de la arquitectura civil. En Cerler se conservan la casa Cornel y la casa Antondoz. Y en Anciles la Casa Barrau (fíjate en el trabajo en forja de su puerta), Casa Sastre (descifra en su escudo el apellido del antiguo linaje), Casa Supriàn (mira el perfil escalonado de sus muros), Casa Mingot (contempla su escudo de infanzonía), Casa Sebastián (busca el motivo decorativo de una de sus ventanas), Casa Escui (presta atención a su llamador con decoración acordonada) y Casa Sòrt (no te pierdas su alero de madera).
Este museo muestra las importantes colecciones de escultura, pintura y cerámica aragonesa de los siglos XI al XVIII y de juegos, juguetes y títeres de los siglos XIX y principios del XX.
A los pies de una pared de piedra, en el casto antiguo de Cerler, un artista anónimo ha recreado la entrada de la casa del Ratoncito Pérez en la que no puede faltar un buzón de los dientes y, por supuesto, un felpudo que advierte que los gatos no son bienvenidos.