La riqueza
de las costumbres
Una lengua, un folklore y unas ferias propias
de este bello territorio pirenaico
En el corazón del Pirineo, frontera natural y política con Francia, la Villa de Benasque junto a Anciles y Cerler constituyen una entidad única desde el año mil hasta la actualidad. Junto al resto del valle comparten una economía centrada en la ganadería, una lengua propia y otros rasgos culturales, como el característico Ball de Benás, folklore tradicional y propio del municipio de Benasque.
Esa lengua propia es filológicamente conocida por ser el lugar de encuentro del aragonés, del gascón, y del catalán, un habla de transición, llamado patués. Así mismo, en patués, Benasque es conocido como Benás; Anciles como Ansils; y Cerler como Sarllé.
El valle de Benasque, que jamás fue ocupado por los árabes, obtuvo de los reyes aragoneses toda clase de privilegios y exenciones, y de los condes, a partir del siglo XIV, la posesión y dominio (por 20.000 sueldos jaqueses y el pago de una renta fija de 450 sueldos jaqueses) de todo el territorio, de este modo Benasque y sus aldeas se convirtieron en dueños y señores de todo alto valle pirenaico: percibían impuestos, tomaban decisiones en la Universidad de la Villa, Valle y País de Benasque, mantenían el castillo, defendían la frontera, podían negociar con sus vecinos tratados comerciales e incluso impartir justicia.
Pero volvamos a las tradiciones de este bello territorio, ya que Benasque conserva de esa época un rico patrimonio de folklore propio. Una buena muestra es la danza que cada 30 de junio, coincidiendo con la festividad de San Marcial, se celebra en la Plaza del Ayuntamiento de Benasque. Se llama Ball de Benás, y es un dance de gran riqueza etnológica, que tiene lugar alrededor del majestuoso tilo, a cuyos pies descansa la imagen del patrón. Los mayordomos, con unas flores sujetas con un pañuelo en la cabeza y acompañados de castañuelas, danzan este baile cuyo origen se remonta al año 1820 y cuya música sirvió de inspiración para el himno de Riego usado durante la II República.
El baile consta de tres partes, la llegada de los benasqueses a la Plaza del Ayuntamiento bailando por parejas frente al santo, los mozos (Omes, en patués) recorren las calles de Benasque, junto a la procesión y posteriormente entran en la plaza del Ayuntamiento, baile al patrón rodeándolo y la victoria que simboliza la parte de las marradetes.
Al día siguiente, las mujeres también son protagonistas del baile con el Ball de les Dones, que bailan junto a los hombres, en parejas.
Además del folklore, también se conserva otro tipo de tradiciones, como el Juego de les Quilles. Este, realizado exclusivamente por mujeres, parece ser que tiene sus orígenes en antiguos rituales celtas. Consiste en lo siguiente: se enfrentan dos equipos de tres o cinco jugadoras cada una. Y se trata de derribar un número de quilles (figuras de madera parecidas a los bolos) que varía dependiendo de la mano que se realiza, así como varían las distancias de tiro, marcándose con una línea la posición del pie atrasado. Gana el equipo que antes consiga vencer seis partidas.